I
No sé por donde empezar, ni siquiera sé la siguiente palabra que voy a escribir después de ésta. Tengo tanto guardado dentro que no sé cómo empezar a explicaros como conocí a esa persona que tanto me ha dado, esa persona que en parte ha hecho que sea como soy ahora. Solo sé que desde que no está como antes estaba me he hecho mucho más fuerte y en días como el de hoy pienso que puedo con todo y me lo creo, quiero creérmelo; porque merezco poder con todo lo que se me venga encima.
Si os soy sincera no sé ni el día, ni la hora, ni tan siquiera la ropa que llevaba el día que hablamos por primera vez, solo sé que pasó y pasó sin saber que ambos cambiaríamos la vida del otro. Todo viene desde hace mucho tiempo atrás, quizás ni os interese saberlo; quién sabe. Des de hace bastante que escribo, todo viene de ahí. Escribo porque siento que esa es la única forma de soltar todo lo que tengo aquí dentro, que no es poco. Muchos pensarán que no sirve de nada pero durante días y muchas noches escribir ha sido lo único que ha conseguido salvarme hasta que llegó él. Y nos conocimos por ello, nos conocimos leyéndonos porque ambos amamos hacerlo. Él de un día para otro se convirtió en mi escritor favorito y yo para él en la musa perfecta por la que escribir, por la que versar. Recuerdo que las primeras veces que hablamos quizás compartimos un par de palabras sin sentido refiriéndonos a nuestros escritos diciéndonos lo mucho que nos encantaban y nos llenaban, que llenaban ese vacío que personas a las que quisimos dejaron sin más. Recuerdo sonreír sin razón cuando me decía que lo que escribía yo llegaba al alma sin saber que lo que él plasmaba en sus hojas llegaba al corazón. Recuerdo que un día, de esos primeros en los que compartimos nuestras primeras palabras y que ahí supimos la existencia el otro, recuerdo que me dijo "no sé por qué, ni siquiera lo preguntes porque ni yo mismo tengo la respuesta pero desde que te leo siento esa necesidad de saber de ti, quiero saber de ti"; y en la vida nunca antes nadie me había llegado a decir eso, él era la única persona que aún habiendo compartido solo unas pocas palabras se daba cuenta que detrás de cada letra, de cada palabra; había una niña asustada escribiendo todo lo que sentía porque nada de lo que ella decía se lo inventaba y eso era lo difícil, eso era lo más chungo de todo porque nadie era capaz de verlo, salvo él. Para ese entonces ni siquiera me planteé la posibilidad de que esa persona pudiese convertirse en alguien tan importante como lo ha acabado haciendo. Sí, hablamos, una vez y luego ambos continuamos con nuestras vidas como si nada hubiese pasado, sin saber que algo dentro de nosotros había cambiado. Tampoco recuerdo cuantos días pasaron desde esa primera vez que habíamos hablado, solo sabía que de vez en cuando me llegaban mensajes suyos que me hacían sonreír aunque fuese solo por una milésima de segundo. Y en esos momentos en los que siempre acababa de leerle empecé a entender esa necesidad que él tenía por saber de mi porque yo en ese momento quería saber toda su vida. Y sin quererlo, no sé cómo llegaron más mensajes haciéndonos dependientes de ellos, haciendo que nos necesitáramos sin ser capaz de admitirlo delante del otro. Recuerdo las risas que nos echábamos y las ganas de saber del otro simplemente por el puro placer de conocer a unas almas tan profundas como ambos veíamos en el otro. Se me hace difícil contar todo esto porque no sé ni cómo hacerlo, porque no nos conocimos como se conocen dos personas normales y corrientes; y tampoco lo quiero porque nunca en la vida he pensado que ese chico que tanto me ha dado fuese alguien tan normal y corriente como el vecino de al lado, porque desde un principio, por su forma de escribir sabía que tenía mucho que esconder, mucho que dar. Y no hay nada más bonito que encontrarse por el mundo a alguien tan interesante que te importan una mierda los kilómetros que pueden separaros porque te vale más una palabra de él que mil besos de muchos más.
Intento contaros mi historia de la mejor forma que puedo, no quiero correr, no hay prisa para contárosla.
Recuerdo que los mensajes iban a más, podía decirle en ochenta mensajes parte de mi vida porque quería entender como alguien como yo escribía cómo escribía. Le conté parte de mi historia por no decir casi toda, sin miedo a que saliera ahí al mundo a contarla. Siempre pensaré que él fue una de esas personas a las que más le conté aún sabiendo que acabaríamos por caminos distintos sin miedo a que abriera la boca. Nunca, tan rápido, había dado la confianza a alguien de esta forma. No quiero entrar en detalle de los primeros mensajes porque esos aún siendo los primeros fueron los que menos importaron y por eso no os los cuento. Recuerdo que seguíamos hablando de vez en cuando y me prometí que no me iría a la cama sin saber al menos una cosa más de él, día a día, porque seguía teniendo esa tonta necesidad de saber de él, de aprovechar cada minuto que hablábamos sin ser consciente que para ese entonces; esos minutos juntos para mi ya eran los mejores. Nunca te das cuenta de que estás enamorado hasta que lo dices en voz alta, hasta que te provoca todo lo que él provocaba en mi.
No quiero que penséis que es una historia de dos días ni tampoco de un año, fueron unos meses, ni siquiera llevo la cuenta porque estaba más pendiente de vivir esos meses como si fuese toda una vida, vivir intensamente todo eso que él me daba sin pedir nada a cambio.
Empezamos a hablar de estupideces porque queríamos seguir hablando aunque fuese de cosas sin sentido, le hablaba de su poesía y él a mi de mi intento de prosa, le enseñé la música que yo amaba y me enseñó a amar a canciones que a día de hoy consideraría la banda sonora de mi vida- sin contar su risa- supe su color favorito, lo que quería ser de mayor a parte de feliz, conocí sus miedos, sus errores, conocí su forma de amar por como escribía, no sabéis lo bonito que amaba; nunca pensaba en follar, él te venía y te decía que quería hacerte el amor con palabras bonitas que Neruda le enseñó durante años. Empecé a conocer sus manías pero nunca me enseñó sus defectos, a día de hoy aún me gustaría conocerlos. Me enseñó tantas cosas en tan pocos días, que parecía que quería abrirse a mi como nunca antes lo había hecho y eso a mi, me encantaba.
Empezamos a hablar de estupideces porque queríamos seguir hablando aunque fuese de cosas sin sentido, le hablaba de su poesía y él a mi de mi intento de prosa, le enseñé la música que yo amaba y me enseñó a amar a canciones que a día de hoy consideraría la banda sonora de mi vida- sin contar su risa- supe su color favorito, lo que quería ser de mayor a parte de feliz, conocí sus miedos, sus errores, conocí su forma de amar por como escribía, no sabéis lo bonito que amaba; nunca pensaba en follar, él te venía y te decía que quería hacerte el amor con palabras bonitas que Neruda le enseñó durante años. Empecé a conocer sus manías pero nunca me enseñó sus defectos, a día de hoy aún me gustaría conocerlos. Me enseñó tantas cosas en tan pocos días, que parecía que quería abrirse a mi como nunca antes lo había hecho y eso a mi, me encantaba.
No voy a contaros hoy toda la historia pero sí quiero que conozcáis parte de ella, al menos de momento el principio, ese que sin saberlo iba a cambiarnos a ambos, y seguimos hablando durante horas, durante noches y nos reíamos a carcajadas sabiendo que hacía años que lo necesitábamos y que por una cosa u otra no lo habíamos tenido. No éramos conscientes de ello pero empezábamos a necesitarlo sin saberlo y eso no podía ser muy bueno cuando ni siquiera sabíamos el apellido del otro, pero lo hacíamos sin importar lo que la gente podía decir porque sentíamos que no había nada más bonito que llegar a casa, coger el móvil, abrirle conversación y escribirle "¿como te ha ido el día?" y así empezaba todo porque yo podía tirarme hasta las tantas escuchándole como me decía lo que había hecho en ese día, podía contarme la teoría de no se qué científico que de sus labios me hubiese parecido la cosa más interesante que nunca me habían contado. Y así eran nuestros días en los que empezamos a hablar sin saber que de un día para otro nos empezaríamos a amar.
-Ann.