domingo, 23 de noviembre de 2014

El "no sé qué nos pasa" acabó con nosotros...



V


Puedes preguntarme cómo estoy si quieres, hazlo, pero te dolerá escucharlo. Hoy- bueno mejor ayer- decidí terminar con todo esto para siempre. Recuerdo que una vez lo intentamos pero no pudimos, no fuimos capaces. Así que ayer quise sacarte de mi vida porque tenerte en ella me dolía pero no sabía que me dolería aún más sacarte del todo de ella aún sabiendo que a la larga será mejor para mi, sé que llegará el día en el que escuche tu nombre y ya no dolerás o sabré fingir de puta madre que ya no lo haces.

Éramos tan felices, joder, realmente lo éramos. Solo necesitábamos tenernos, levantarnos y encontrarnos ahí al otro lado de la pantalla. Una foto tuya era tres sonrisas mías. Una nota de voz mía era para ti un día que valía más la pena. Estábamos hechos el uno para el otro y nos importaba bien poco lo que podía pensar el mundo, nos queríamos. Recuerdo que hubo una vez en la que me llamaste y:

"-Pienso llamarte mañana temprano para que mi voz sea la primera que escuches de buena mañana- me dijo seriamente.

-Solo espero que no sea muy pronto- le dije aún sabiendo que no me importaba la hora, que iba a responder igual. 

-No te quejes- dijiste- Quiero escuchar tu voz de recién levantada ya que no te tengo aquí."

Y me llamó. Al escucharme empezó a reír porque mi voz era muy diferente pero muy en el fondo sabía que aún así le encantaba, que le gustaba que le echase la bronca por despertarme tan pronto y, joder, esas dos horas al teléfono me dieron la vida. ¿Sabéis lo mejor de todo? Me llamó a las diez de la mañana, escuché el teléfono y salté de la cama... Escuche su 'hola' y sonreí sin razón pero esa sonrisa aún se hizo más ancha cuando me dijo:

"El próximo sábado voy a ir a verte."

En ese instante noté como por fin después de mucho tiempo el mundo empezaba a darme algo bueno. Me quedé en silencio porque no sabía qué decir, sentía que quedaban apenas unos días para tener entre mis brazos a la persona que tan feliz me hacía. Empecé a reírme yo sola, esa risa nerviosa y le dije '¿me estás tomando el pelo?' pero no lo hacía. 

"Voy a coger un autobús por la mañana, pasaré el día contigo y por la noche me iré, ¿quieres que lo haga?"

Me dolía que lo dudase, joder, claro que quería que lo hiciese, lo necesitaba más que nunca. Necesitaba saber como olía su colonia favorita, como abrazaba, como besaba, como me miraba. Él siempre me decía que nunca en la vida existiría un chico que me mirase como él lo hubiera hecho pero supongo que me quedaré con la duda porque él nunca llegó a mirarme. Nunca llegamos a vernos como ambos deseamos. Nunca. 

En esos momentos me di cuenta de lo mucho que puede cambiarte la vida en un par de segundos, un día me decía que me quería y que iba a venir a verme y dos días después sentí morir cuando sabía que se iba a acabar todo. Lo recuerdo como si fuese ayer...

"-No sé que no pasa- escribió"

Y se fue. 

No sabéis la impotencia que sentí cuando le contesté y no respondía. Pasaban los minutos, las horas y seguía sin responder. Le llamaba y me colgaba. Y en esos momentos creo que solté todas y cada una de las lágrimas que nunca he llegado a soltar cuando he perdido a alguien importante. Hasta que al final respondió. 

"-¿Qué quieres decir con eso?- le dije.

-Pues eso mismo- respondió- Estamos raros.

-Yo sigo siendo la misma de siempre.

-Entonces el raro seré yo.

-No sé- respondí- Si que es verdad que estos dos últimos días te he notado distante, ni siquiera me has dicho que me quieres.

-Ahora el problema será porque no te lo digo nunca, ¿no?

-Sabes que no lo digo por eso- respondí.

-Sabes que te quiero.

-Lo sé- respondí- ¿Qué quieres decirme con todo esto?

-Llevo noches pensando y llorando porque no puedo con todo esto. No puedo seguir así, te estoy haciendo esperar por mi y estamos planeando cosas que ni siquiera sabemos que van a pasar, no quiero que me esperes. No quiero que lo hagas, no puedo con esto porque te necesito cerca cada puto día de mi vida. Me haces feliz, joder, pero no puedo. No puedo seguir hablándote cada día cuando te necesito justo aquí. Quiero poder abrazarte cuando esté mal y besarte cuando me apetezca.

-¿Te crees que yo no lo necesito? ¿Te crees que no me duele no poder tener eso por el momento? Deberías saber que he llorado mucho por esto pero cuando esto empezó sentí que valía la pena arriesgarme y perder el miedo si en un futuro íbamos a estar juntos, joder. No me importa no poder hacer todo esto por ahora si sé que lo terminaremos teniendo.

-Pero yo no puedo.

-Así que, ¿ya está? ¿Esto es todo?- le dije- Me prometiste que siempre te quedarías, que tú no me acabarías dejando como han hecho todos hasta ahora y te creí.

-Esto está siendo muy difícil para mi y lo sabes- respondió- Podemos intentar ser amigos.

-No puedo ser amiga de la persona de la que estoy profundamente enamorada- y sí, ahí admití por primera vez que estaba enamorada hasta las trancas de él. Él muy en el fondo lo sabía con cada te quiero que le decía. 

-Por favor- me dijo- Te necesito en mi vida."

Por un segundo pensé en la posibilidad de ser su amiga pero no me veía capaz de seguir hablando con él y no poder decirle te quiero cuando me venía en gana. Aunque- más adelante lo sabréis- al final intentamos ser amigos. Pero ésa vez no. Esa era- en teoría- nuestra despedida.

"-Quiero que sepas que ha sido un placer conocerte- le dije- Solo espero que seas feliz y que puedas hacer con otra todos los planes que teníamos, quiero que te enamores y la hagas feliz porque sé que tú sabrás hacerlo, porque tíos como tú ya no quedan.

-No me digas eso- decía- No quiero sentirme más cabrón de lo que ya me siento.

-No eres un cabrón cuando has sabido cuidarme más que nadie.

-No me lo hagas más difícil- dijo.

-Te quiero, ¿vale?

-Vale- dijo.

-Te echaré de menos."

Recuerdo que en ese momento me propuso que al día siguiente nos llamáramos, que necesitábamos oírnos aunque fuese una vez más, decirnos adiós como dios manda, como nos merecíamos.

"-Si me llamas no prometo no llorar porque será escucharte y lo haré- le dije.

-Si nos llamamos no prometo no ponerme a llorar al escucharte hacerlo a ti- respondió."

Pero esa llamada nunca llegó, por mi. No quería hacerme más daño, no quería meter el dedo en la herida que acababa de dejar en mi. Me prometió que nunca me haría daño porque ya había estado demasiado jodida en mi vida y él no quería eso para mi. Ambos éramos dos personas rotas que sabíamos lo que dolía romperse y por eso no queríamos eso para el otro pero aún así no pudimos evitarlo. Esa noche fue la primera noche en vela por echarle de menos. Recuerdo que eran las tres de la mañana de esa misma noche y cogí una libreta y salí al balcón. Me puse los auriculares y empecé a escribir y escribir. Escribí unas diez hojas de 'Carta de despedida' y luego abrí su conversación. Empecé a grabar por nota de voz todas y cada una de las palabras que escribí. Al enviársela pensé en que pensaría que era una idiota por llorar como lloré en esa nota de voz. Eran diez minutos en los que realmente le dije la verdad, le dije lo que iba a echar de menos de él y que fuese feliz. Fue duro, hostia, no pensaba que sería tan difícil decir a la persona que quieres que sea feliz sabiendo que a partir de ahora tú ya no estarás en sus planes. 

Y ahí, justo ahí, acabó todo. Al menos eso parecía pero os digo algo; parece que el pasado siempre vuelve. Y él volvió y yo dejé que lo hiciese. Volvía, me decía que me quería y volvía a irse. Y yo como una tonta le dejaba porque le quería. Por tonta. Y por eso mismo aún le sigo llorando, joder si lo hago, no hay día que no lo haga porque sé que nunca habrá nadie como él. Recuerdo que al despedirnos me dijo..

"Eres la persona más mágica que he conocido, aún haciéndote todo este daño me sigues diciendo que sea feliz, que me quieres, eres única, joder. No sabes lo que llego a quererte y quiero que sepas que ha sido un placer cruzarse con un Ángel en medio de la Tierra."

Me dijo eso pero no se quedó, aún siendo única en el mundo como el decía y- a mis ojos- imperfecta. No se quedó y lo había prometido. Por eso ya no me creo las promesas, porque hoy en día ni la persona que más te quiere, las cumple.


-Ann.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Él sabía que nunca iba a dejar de quererle porque yo era de esas románticas de antes que se suicidaban por un amor imposible y, el nuestro lo era.



IV


Podía sentir tan cerca el roce de su mejilla en mi mano que parecía hasta real, le reseguía el labio inferior con uno de mis pulgares intentando no romperlos con el mínimo toque; le miraba fijamente sabiendo que podía perderme en la profundidad de sus ojos pero luego lo pienso y digo ¿en qué no te perderías si se trata de él? Podía sentir la suavidad de su pelo entre mis manos mientras me acercaba a besarle pero cuando mi nariz rozaba la suya y su respiración la sentía tan cerca que se me podía parar el corazón, me despertaba. Y así es siempre desde que parece que ya no está; le sueño cada noche y le pienso cada día deseando despertarme mañana y encontrarme un mensaje suyo diciéndome que me echa de menos pero miro el móvil y parece que en él solo suenan todas y cada una de las canciones de las que hizo que me enamorase soñando en que algún día podríamos haber puesto alguna de esas de fondo mientras me hacía el amor como otras tantas noches soñamos. 

Recuerdo que cuando nos teníamos (si se puede decir así) no le soñaba nunca, joder, y no hubiese habido nada más bonito que tenerle en sueños sabiendo que esa era la única forma de sentirle cerca. Él muchas veces me soñaba y me lo decía, me decía que ojalá fuese real porque no había nada mejor que sentir que me tenía entre sus brazos aunque fuese solo algunas noches. 

Recuerdo tantas cosas que en estos momentos todavía me escuecen...
Recuerdo que cuando yo salía de fiesta teníamos siempre la misma conversación:

"-No me gusta que bebas como lo haces.

-Pero si no pasa nada- le decía yo siempre.

-Pero es que no quiero que te pase nada, joder, entiéndeme- respondía él y en esos instantes sentía que se me derretía un poco más el corazón- Solo me preocupo por ti.

-Lo sé- le escribía siempre- Me controlaré.

-Y avísame cuando llegues- me pedía- Si no cuando me despierto y no sé nada de ti, me preocupo."

Y creo que lo mejor de esas noches no era ni la música que ponían ni la cantidad de cubatas que podía llegar a beberme, lo mejor de esas noches era el llegar a casa y dejarle un mensaje o una nota de voz entre risas diciéndole que estaba bien y que ya estaba en casa. Diciéndole que le había echado de menos y que le quería un poco más que ayer. Y al despertar siempre me preguntaba el cómo me había ido la noche y cuando alguna vez le decía que más de un chico había querido acercarse a mi, se enfadaba y me enviaba una nota de voz diciendo algo así como...

"Pues más les vale que no se te acerquen ni se atrevan a tocarte porque eres mi niña y aquí el único que puede tocarte soy yo."

Lo que no sabe él es que en esos momentos, no solo sonreía sino que hubo un par de veces en las que quise llorar porque no podía ser cierto que alguien como yo hubiese tenido la suerte de encontrar a alguien como él. Y en días como el de hoy echo en falta eso, echo de menos que me diga que le avise, que se preocupe por mi como hacía. Echo de menos que me considere suya cuando sabe de sobra que lo sigo siendo.

Recuerdo muchas veces en las que discutíamos de broma y él cómo siempre tenía que tener la última palabra y entonces llegaba esa conversación que tanto adoraba tener:

"-Eres tonta- me decía.

-Pero tuya- le respondía yo. 

-Mía.

-Tuya.

-Mía.

-Eres idiota- le decía yo.

-Pero tuyo- contestaba.

-Mío."

Y podíamos tirarnos minutos repitiéndolo para convencer al otro que nunca dejaríamos de ser nuestros, y siento que no había nada más bonito que sentir que yo era tan suya como él mío. Que podían haber miles de chicas y chicos a nuestro alrededor que yo siempre volvía a él cuando me sentía perdida y él siempre volvía a mi cuando tenía ganas de perderse en alguien. Siempre volvíamos al otro como si ese fuese nuestro lugar favorito. Él era mi lugar favorito en el mundo sin ni siquiera haber estado en él, sin ni siquiera saber como besaba, el olor de su colonia o el ritmo de su respiración pero no me importaba. 

Recuerdo que podíamos tirarnos hasta las tantas hablando de estupideces que sentía que me daban la vida a cada minuto, recuerdo el cómo me hacía reír y en el segundo siguiente cómo me hacía llorar- de risa- casi siempre. Hubo una vez en la que nos llamamos y me hizo llorar- no os voy a decir de qué- porque hay cosas en esta historia que quiero que sigan siendo nuestras y recuerdo perfectamente lo que me dijo:

"-Me duele oírte llorar y más si es por mi culpa- decía.

-No importa- pero claro que importaba.

-Quiero que vayas al lavabo; te limpies las lágrimas y vuelvas a coger el teléfono que aquí estaré esperando- recuerdo que lo hice sin pensarlo y cuando volví ahí seguía- ¿Puedo decirte algo?

-Claro, ya lo sabes.

-Quiero que sepas que me siento mal por hacerte llorar pero me alegra que tengas la suficiente confianza como para contarme estas cosas y que no te de vergüenza llorar delante de mi pero quiero que sonrías porque sabes que me gustas más así."

Y yo automáticamente sonreía sabiendo que eso era lo que él necesitaba, verme feliz.  Él siempre buscaba lo mejor para mi, quería que yo fuese alguien en la vida de la misma forma que fui alguien importante en la suya, sabiendo que yo le había cambiado la vida de la misma forma que él la mía. Y por eso siempre sonreía porque en esos instantes entendí aquella frase de 'si tu saltas, yo salto' porque en esos momentos sabía que si yo sonreía él estaba haciendo lo mismo. A partir de entonces siempre intentaba que él estuviese feliz porque no había persona en el mundo que se lo mereciese tanto como él. Él había tenido una vida tan dura que quería ser esa tirita de cada herida, quería ser la medicina de esa enfermedad, quería ser el rayo de luz en medio de la oscuridad, quería dejar una marca en él que no pudiese olvidarla de por vida ni estando entre otros brazos aun siquiera sin haberme besado y creo que lo conseguí.

Hubo una vez en la que le llamé y creo que esa llamada no duró ni un minuto pero apuesto lo que queráis que ese minuto que le dí no se lo va a dar nadie más en toda su puta vida. Le llamé;

"-¿Y esto? ¿A qué se debe?- preguntó refiriéndose a la llamada.

-Oh, nada, que llamaba para decirte una cosa importante que me he olvidado de decirte.

-¿Qué pasa?

-Nada, que te quiero- le dije y sentí en cada terminación de mi piel el cómo sonreía a 308 km de distancia.

-¿Me has llamado solo para eso?- me dijo.

-Sí- suspiré y colgé."

En esos momentos me temblaban las manos porque supe que hacía mucho tiempo que no decía a nadie que le quería, no tan sinceramente como lo hacía con él. Y estos recuerdos todavía me duelen, joder si lo hacen. Me vienen tantas imágenes en mente que sé que nunca voy a olvidar. Me viene en mente ese día en el que le dije por nota de voz entre suspiros y sonrisas que le quería a lo que él me respondió:

"Creo que ese te quiero que acabas de decirme es el más sincero que me han dicho en toda mi vida"

Y yo sé muy en el fondo que puede recibir infinitos te quiero en toda su vida, sé que puede conocer a alguien y quererle mucho; dar toda su vida por ella pero lo que ambos sabemos es que nunca nadie va a tener el poder que tenía yo en él. Nunca nadie le va a decir un te quiero tan sincero como hice yo, nunca nadie conseguirá hacerle feliz con algo tan simple como una risa porque solo las mías tienen ese poder. Nunca nadie va a hacer desear más en esta vida porque ese 'más' solo lo quería conmigo. Y solo espero que leas esto y te des cuenta que en la vida vas a encontrar a nadie que pueda decirte ese te quiero de esa forma porque dudo que sobre la faz de la tierra exista una persona que llega a quererte como lo hago yo porque sabes de sobras que yo soy una romántica de las de antes; de esas que ya no quedan, de esas que se suicidaban por un amor imposible...y en estos momentos no hay nada más imposible que el tenerte entre mis brazos pero no te preocupes que aún siendo de esas yo no me suicidio; yo sigo con vida o lo intento, los días siguen pasando y yo te sigo queriendo, porque soy de esas, de las que se enamoran y no dejan de estarlo aún habiendo perdido a aquel chico por el que han nacido para amarlo.


-Ann.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

No sabes lo que necesitaba sonreír y que tú fueses el motivo.


III

Sólo éramos un par de rotos que acabamos como tal por querer de más, ¿lo recuerdas? Creo que he llegado a perder la cuenta de las veces que te dije que estaba cagada de miedo por quererte tanto, porque no era normal el necesitarte de la manera que lo hacía si hasta ahora había sido capaz de vivir sin ti y ahora se me estaba olvidando cómo hacerlo. Recuerdo las veces que me decías que no te creías la posibilidad de que alguien como yo- tan insignificante a mis ojos- podía querer a alguien como tú habiendo miles de mejor a mi lado pero ¿sabes qué? Podían haber miles de chicos a mi alrededor que al final del día siempre te elegiría a ti, al final del día me metía en la cama, me tapaba con la manta hasta el cuello y me escondía con el móvil entre las manos para pasar otra noche a tu lado. Recuerdo una de esas conversaciones que la hemos tenido miles de veces por el placer de sonreír al leernos, aquella conversación de cada noche:

"-¿Tú no deberías estar durmiendo?- te decía con media sonrisa. El corazón me iba a mil dentro del pecho deseando que te quedaras un poco más.

-Sí, debería pero me apetece más quedarme aquí contigo- y yo no podía evitar morderme el labio sabiendo que te tenía una noche más para mi.

-No hace falta que lo hagas- respondía siempre y tú como un cabezón no te quedabas atrás.

-Que me quedo por ti por que yo quiero, ¿vale?- y yo sonreía sabiendo que tú, en otra parte del mundo, también lo hacías."

Recuerdo las miles de veces que hablábamos y yo te respondía así:

-Okay.

Y cómo no, recibía el tuyo, y de nuevo el mío y así podíamos tirarnos minutos diciendo lo mismo hasta que a mi se me escapaba algún 'idiota' sabiendo que eso era sinónimo de 'no sabes cuánto te quiero'. 

Creo que también he perdido la cuenta de las veces que, por tu culpa, he sonreído al maldito teléfono deseando que llegase el día en el que pudiese sonreír a dos centímetros de tu cuello. Deseando abrazarte sabiendo que la fuerza de ese abrazo no equivale ni siquiera a la mitad de lo que yo puedo llegar a quererte. Creo que de eso también he perdido la cuenta, ¿de qué? Te preguntarás..de imaginarnos juntos, de imaginar todo aquello que queremos vivir y no podemos. Nunca algo ha sido tan duro como eso, el no saber cuando pasaría aquello que ambos ansiábamos; ese primer beso que queríamos darnos y del que tanto habíamos hablado sabiendo que tú no tendrías lo que hay que tener para acercarte a mi, sabiendo que tendría que ser yo la que se acercara a besarte pero que luego serías tú el que no tendría la fuerza suficiente para separarte de mis labios. Ese abrazo en el que nos sentiríamos como en casa, esa unión de nuestras manos notando como esas piezas del puzzle que hace años no encajaban en ninguna parte, encajan. Esas sonrisas cómplices sabiendo que la una provoca la otra y por eso ninguno de los dos estaría dispuesta a perder la suya porque luego se perdería la otra. Esas miradas que queríamos dedicarnos para comprobar si de verdad nos queremos tanto como creemos. Y no, todo eso no hemos a llegado a tenerlo. 

Recuerdo que él una vez, así, a lo loco me dijo:

"Me están entrando unas ganas tremendas de cometer la mayor locura de mi vida; coger el primer autobús que me lleve a ti y besarte, y me da igual lo que me diga la gente ni que ésta se pregunte donde me meto porque yo mientras estaré contigo. Nos besaremos como locos, pasaremos el mejor día de nuestra vida y luego ambos seguiremos con nuestras vidas, juntos pero separados." 

Y por éstas cosas él era mi loco favorito, el saber que él necesitaba eso tanto o más que yo, me daba la vida. El saber que me necesitaba entre sus brazos para saber que todo iba a estar bien era la cosa más increíble que he podido vivir en lo que llevo de vida. 

Hubo un día, uno de esos otros tantos en los que no dejábamos de hablar me dijo:

"-No me canso.

-¿De qué?- le pregunté y creo que la respuesta que me dio fue la más bonita que nunca podrían haberme dado.

-De quererte."

Sonaba tan bien de sus labios la palabra te quiero sabiendo que luego, día a día, me la demostraba como mejor sabía. Me enamoré de su voz en la primera llamada, me enamoré más de él si eso era posible.. Recuerdo que la primera vez que hablamos por teléfono me explicó cómo le había ido un examen de recuperación y creo que si hubiese estado dos horas hablándome de ello yo hubiese estado incluso tres escuchándole. Recuerdo que se metía conmigo y yo reía, a pleno pulmón, como hacía mucho que no hacía. Hablábamos de todo y nada a la vez aún sabiendo que yo odiaba hablar por teléfono pero por él lo hacía, me tiraría horas, días e incluso meses pegada al teléfono si esa es la única forma de tenerle cerca. Adoraba escucharle respirar por la línea, escuchar como suspiraba sabiendo que segundos después sonreía mordiéndose el labio por mi culpa, por mis estupideces de niña pequeña y a la vez mis teorías de chica madura. Muchas veces me preguntaba a mi misma qué coño había hecho yo para tener esta suerte de encontrar a alguien como él y a día de hoy lo pienso y no entiendo el por qué. No soy nadie, no soy nada. Pero irremediablemente él se metió debajo de mi piel hasta el punto de saber si las cosas van o no bien. Con tan solo una puta palabra sabe lo que necesito, sabe que me enamoro de los besos en la frente, los abrazos inesperados, sin venir a cuento ni teniendo un por qué, sabe que necesito que me miren a los ojos para confiar un poco más en mi, sabe que si me susurran palabras sinceras van derechas a mi corazón, que si me das cualquier canción bonita te escribo lo más bonito que nunca leerás, sabe que todo el mundo es capaz de verme por fuera pero que solo él es capaz de llegarme tan dentro con tan solo susurrarme un te quiero. Y eso, eso sí que es bonito. 

¿Pero sabéis lo que también es bonito? En nuestra primera llamada de la nada él dijo mi nombre y yo solo supe responder con un 'qué' y se hizo el silencio, un silencio que acabó siendo bonito y también nuestro por lo que vino después:

"-¿Qué?

-Te quiero."

Y sabías que lo hacía, que le salía de dentro porque le oías nervioso al otro lado del móvil y escuchabas esa risa que delataba su nerviosismo sin saber cuál sería la respuesta pero no podía ser otra que la que le dí, ese:

"-Yo también te quiero y no voy a dejar de hacerlo."

Y ambos colgábamos el teléfono aún sin quererlo, ese 'cuelga ya' que nos dijimos tantas veces y que tanto nos costaba hacer, porque escucharnos reír nos daba la fuerza suficiente para seguir. Recuerdo que siempre que colgábamos me encontraba un mensaje suyo que a día de hoy ya echo de menos. Cogía el teléfono, veía su nombre y ya sonreía sin ni siquiera leerlo pero al hacerlo parecía que las piezas rotas que otros rompieron en mi, empezaban a encajar.

"No sabes lo que necesitaba sonreír y que tú fueses el motivo"- leía.

Y yo sonreía sabiendo que a kilómetros de mi, eso a él le daba la vida.


-Ann.





domingo, 2 de noviembre de 2014

Me gustaría que te quisieras con la misma intensidad con la que te odias.


II


Yo nunca había sido esa clase de chica que destacaba por ser como era, siempre he pasado desapercibida ante los ojos de la gente; solo soy una persona más con la que te puedes cruzar por la misma acera y ni siquiera la miras porque ni te llama la atención y nunca lo hará. Siempre me han dicho que soy esa clase de persona por la que no te giras si pasa por tu lado pero que una vez que la conoces te arrepientes de no haberlo hecho. ¿Sabéis la típica chica guapa bien vestida que os podéis encontrar en un autobús mirando el móvil? ¿os lo podéis imaginar? ¿Si? Bueno pues yo siempre he sido la que está sentada a su lado con los pies subidos en la butaca del bus mientras entre manos tiene un buen libro y escucha su canción favorita por uno de sus auriculares mientras que por la otra oreja escucha cada mínimo detalle del mundo. Esa clase de chica que puede quedarse mirando cada escaparate cuando va caminando por la calle no porque le guste la ropa que hay en él sino para ver su reflejo y entender por qué se odia cada día un poco más. Siempre he sido esa clase de chica que no puede mirarte a los ojos cuando le hablas; no porque te falte el respeto sino porque se siente vulnerable al hacerlo, pequeñita. Siempre he sido de las que se muerden el labio o las uñas, de las que apartan la mirada cuando se habla de sentimientos, la que juega con sus manos nerviosa y de las que se tapan las muñecas con la sudadera tres tallas más grandes para esconder aquello que tanto odia. Esa chica que nunca se recoge el pelo poniendo la excusa de que le queda mal sabiendo que no lo hace porque con el pelo suelto se le ve menos la cara, y así mejor. Menos que ver. Siempre he sido de las que prefiere quedarse en casa escuchando música que salir de fiesta y emborracharse para el día siguiente no acordarse de nada. Esa que escribe en una libreta sabiendo que no hay mejor confidente que uno mismo, esa que siempre piensa lo peor de sí misma y lo mejor de todos. Esa que se decepciona constantemente y finge que los demás no la decepcionan para no perder a aquella gente que cree importante aún sabiendo que no lo es. Ese tipo de chica que te contesta siempre borde cuando está mal para protegerse y no romperse un poco más, la que no quiere conocer a más gente que sabe que acabará perdiendo, esa chica fría que empezó a serlo cuando otros la rompieron porque no supieron valorar lo que en ocasiones otros, como él, si saben. Y aquí, justo aquí, llega él. Podías hablar de cualquier estupidez con él que si en un segundo te notaba rara y te preguntaba; podías decirle con total sinceridad lo que pensabas. Creo que he perdido la cuenta de las veces que he llegado a decirle 'no sabes lo mucho que llego a odiarme' y él siempre se enfadaba y me decía 'me gustaría que te quisieras con la misma intensidad con la que te odias'. Recuerdo que hubo una vez en la que le dije 'estoy cabreada conmigo misma porque sé que nunca voy a ser suficiente para ti' y se enfadó, me dijo 'como vuelvas a decir algo así el que va a enfadarse voy a ser yo, porque no hay personas como tú en este mundo' y joder, me decía estas cosas y yo no podía no creerle, pasaba el tiempo e inevitablemente empecé a quererme, por él, porque pensaba que si él lo hacía significaba que había algo bueno en mi. Quise creerlo de verdad; pero volviendo al tema, no quiero adelantar acontecimientos pero esa frase que me dijo hizo mella en mi y sé que nunca voy a olvidarla. Recuerdo que os conté que empezamos a hablar, empezamos siendo un par de desconocidos con dolores en común, ambos habíamos sufrido sin quererlo y encontramos consuelo en cada una de las palabras que nos decíamos, en cada risa. Ésta vez tampoco recuerdo que día era en el que pasó lo que os voy a contar, solo sé que era de noche y que tenía que irme pero antes de ello estuvimos hablando de estupideces, como siempre. Y no sé cómo ni porqué me dijo 'me siento atraído por ti, eres una persona muy interesante; me gustas' y en ese momento me di cuenta de muchas cosas, me di cuenta que dejaba el móvil en sonido queriendo para que cada mañana cuando él me daba los buenos días, despertarme aún odiando madrugar, entendí que cada vez que sonaba el móvil y lo cogía deseaba que fuese él quien me hablase, me admití a mi misma el hecho de que le pensaba más de lo que debería y en ese momento no pude evitar decirle 'tú también me gustas' y creo que en parte ahí empezó todo. En ese instante noté como el corazón se me hinchaba de alegría, noté como sonreía por dentro sintiéndome feliz sabiendo que alguien que ni siquiera me había visto se había fijado en mi. Creo que en ese momento ninguno de los dos quería creerlo, ¿cómo hacerlo? ¿cómo iban a creerse dos personas que han tenido tanta mala suerte en el amor la posibilidad de gustarle a alguien? Joder si nos gustábamos, nos buscábamos, nos pensábamos y no encontrábamos fin a nuestras conversaciones, podíamos pasarnos horas hablando del tiempo o de la mayor estupidez que os pueda pasar por la cabeza, hablábamos de mi, de él, de las cosas que yo quería ser de mayor- a parte de ser feliz con él- de los planes que él tenía y sin quererlo empezábamos- inconscientemente- a hacer planes juntos. Recuerdo que ahí empecé a escribir por él, queriendo plasmar en hojas cada uno de los planes que queríamos vivir, él siempre me decía que no había nada más bonito que escribirnos y que la gente no se diese cuenta de lo mucho que nos pensábamos. 
Recuerdo que después de esa conversación en la que admitimos que había algo, nos unimos más que nunca aún estando lejos. En ese entonces él era la única persona que con un solo icono de whatsapp podía hacerme reír hasta llorar, la única persona que se daba cuenta de si las cosas iban bien, si hoy era uno de esos días en los que estaba abajo él era el único capaz de hacerme estar arriba. Había días en los que ambos notábamos mucho más esa ausencia, el no tenernos y a veces me sonaba el móvil lo cogía y leía:

'hoy me apetecería estar en el sofá y acurrucarme ahí mientras te abrazo porque no sabes lo mucho que te necesito'

Lo que él no sabe es que después de sonreír y morderme el labio y contestarle, cerraba la conversación, dejaba el móvil encima de la mesita de noche, me tumbaba y después de pasarme unos segundos mirando fijamente el techo sin pestañear, notaba la primera lágrima deslizarse por mi mejilla sintiendo ese dolor en el pecho que al principio no sabía lo que era y acabé descubriendo que era por él, por la ausencia que había dejado en mi vida sin ni siquiera haber estado en ella. Y eso me dolía y me duele aún a día de hoy. Es duro recibir ese mensaje cuando tú eres la primera persona que le necesitas cerca pero que aún queriendo, no puedes tenerle. Mucha gente se queja de que llora por algo que ni siquiera han tenido pero creo que es más duro llorar por algo que sí has tenido pero no como te hubiese gustado tener, ahí, entre tus brazos por ejemplo.

Quizás os preguntaréis el por qué empiezo este capítulo así, diciendo como soy y lo poco que me quiero pero es que él ha tenido ese poder en mi, vino sin saber que iba a cambiar mi vida y ahora que se ha ido ha vuelto a hacerlo y cuando apareció no podía creerlo, no podía simplemente creer que alguien que había aparecido de la nada pudiese significarlo todo. No podía creer como alguien como él se había fijado en alguien tan insignificante como yo, una chica normal y corriente pero que ante los ojos de él era la persona más bonita que había encontrado sobre la faz de la tierra. Recuerdo que, en una de esas despedidas que nos dimos cuando creíamos que todo había acabado, me dijo: 

'ha sido un placer cruzarse con un Ángel en la tierra'

Lo que él no sabe y si lee esto lo sabrá, que el ángel era él, porque consiguió en meses lo que yo no he conseguido en años; ¿el qué? os preguntaréis. Quererme, eso consiguió. Y a día de hoy eso lo consiguen pocos, ni yo soy capaz de hacerlo. Y duele que la única persona que sabe hacerlo me esté dando la espalda porque parece que se va, se va para no volver y yo ya no sé si me voy a querer, así, como hacía él. 

-Ann.

martes, 28 de octubre de 2014

Esa tonta necesidad de saber de ti.


I


No sé por donde empezar, ni siquiera sé la siguiente palabra que voy a escribir después de ésta. Tengo tanto guardado dentro que no sé cómo empezar a explicaros como conocí a esa persona que tanto me ha dado, esa persona que en parte ha hecho que sea como soy ahora. Solo sé que desde que no está como antes estaba me he hecho mucho más fuerte y en días como el de hoy pienso que puedo con todo y me lo creo, quiero creérmelo; porque merezco poder con todo lo que se me venga encima. 

Si os soy sincera no sé ni el día, ni la hora, ni tan siquiera la ropa que llevaba el día que hablamos por primera vez, solo sé que pasó y pasó sin saber que ambos cambiaríamos la vida del otro. Todo viene desde hace mucho tiempo atrás, quizás ni os interese saberlo; quién sabe. Des de hace bastante que escribo, todo viene de ahí. Escribo porque siento que esa es la única forma de soltar todo lo que tengo aquí dentro, que no es poco. Muchos pensarán que no sirve de nada pero durante días y muchas noches escribir ha sido lo único que ha conseguido salvarme hasta que llegó él. Y nos conocimos por ello, nos conocimos leyéndonos porque ambos amamos hacerlo. Él de un día para otro se convirtió en mi escritor favorito y yo para él en la musa perfecta por la que escribir, por la que versar. Recuerdo que las primeras veces que hablamos quizás compartimos un par de palabras sin sentido refiriéndonos a nuestros escritos diciéndonos lo mucho que nos encantaban y nos llenaban, que llenaban ese vacío que personas a las que quisimos dejaron sin más. Recuerdo sonreír sin razón cuando me decía que lo que escribía yo llegaba al alma sin saber que lo que él plasmaba en sus hojas llegaba al corazón. Recuerdo que un día, de esos primeros en los que compartimos nuestras primeras palabras y que ahí supimos la existencia el otro, recuerdo que me dijo "no sé por qué, ni siquiera lo preguntes porque ni yo mismo tengo la respuesta pero desde que te leo siento esa necesidad de saber de ti, quiero saber de ti"; y en la vida nunca antes nadie me había llegado a decir eso, él era la única persona que aún habiendo compartido solo unas pocas palabras se daba cuenta que detrás de cada letra, de cada palabra; había una niña asustada escribiendo todo lo que sentía porque nada de lo que ella decía se lo inventaba y eso era lo difícil, eso era lo más chungo de todo porque nadie era capaz de verlo, salvo él. Para ese entonces ni siquiera me planteé la posibilidad de que esa persona pudiese convertirse en alguien tan importante como lo ha acabado haciendo. Sí, hablamos, una vez y luego ambos continuamos con nuestras vidas como si nada hubiese pasado, sin saber que algo dentro de nosotros había cambiado. Tampoco recuerdo cuantos días pasaron desde esa primera vez que habíamos hablado, solo sabía que de vez en cuando me llegaban mensajes suyos que me hacían sonreír aunque fuese solo por una milésima de segundo. Y en esos momentos en los que siempre acababa de leerle empecé a entender esa necesidad que él tenía por saber de mi porque yo en ese momento quería saber toda su vida. Y sin quererlo, no sé cómo llegaron más mensajes haciéndonos dependientes de ellos, haciendo que nos necesitáramos sin ser capaz de admitirlo delante del otro. Recuerdo las risas que nos echábamos y las ganas de saber del otro simplemente por el puro placer de conocer a unas almas tan profundas como ambos veíamos en el otro. Se me hace difícil contar todo esto porque no sé ni cómo hacerlo, porque no nos conocimos como se conocen dos personas normales y corrientes; y tampoco lo quiero porque nunca en la vida he pensado que ese chico que tanto me ha dado fuese alguien tan normal y corriente como el vecino de al lado, porque desde un principio, por su forma de escribir sabía que tenía mucho que esconder, mucho que dar. Y no hay nada más bonito que encontrarse por el mundo a alguien tan interesante que te importan una mierda los kilómetros que pueden separaros porque te vale más una palabra de él que mil besos de muchos más. 

Intento contaros mi historia de la mejor forma que puedo, no quiero correr, no hay prisa para contárosla. 

Recuerdo que los mensajes iban a más, podía decirle en ochenta mensajes parte de mi vida porque quería entender como alguien como yo escribía cómo escribía. Le conté parte de mi historia por no decir casi toda, sin miedo a que saliera ahí al mundo a contarla. Siempre pensaré que él fue una de esas personas a las que más le conté aún sabiendo que acabaríamos por caminos distintos sin miedo a que abriera la boca. Nunca, tan rápido, había dado la confianza a alguien de esta forma. No quiero entrar en detalle de los primeros mensajes porque esos aún siendo los primeros fueron los que menos importaron y por eso no os los cuento. Recuerdo que seguíamos hablando de vez en cuando y me prometí que no me iría a la cama sin saber al menos una cosa más de él, día a día, porque seguía teniendo esa tonta necesidad de saber de él, de aprovechar cada minuto que hablábamos sin ser consciente que para ese entonces; esos minutos juntos para mi ya eran los mejores. Nunca te das cuenta de que estás enamorado hasta que lo dices en voz alta, hasta que te provoca todo lo que él provocaba en mi. 

No quiero que penséis que es una historia de dos días ni tampoco de un año, fueron unos meses, ni siquiera llevo la cuenta porque estaba más pendiente de vivir esos meses como si fuese toda una vida, vivir intensamente todo eso que él me daba sin pedir nada a cambio. 
Empezamos a hablar de estupideces porque queríamos seguir hablando aunque fuese de cosas sin sentido, le hablaba de su poesía y él a mi de mi intento de prosa, le enseñé la música que yo amaba y me enseñó a amar a canciones que a día de hoy consideraría la banda sonora de mi vida- sin contar su risa- supe su color favorito, lo que quería ser de mayor a parte de feliz, conocí sus miedos, sus errores, conocí su forma de amar por como escribía, no sabéis lo bonito que amaba; nunca pensaba en follar, él te venía y te decía que quería hacerte el amor con palabras bonitas que Neruda le enseñó durante años. Empecé a conocer sus manías pero nunca me enseñó sus defectos, a día de hoy aún me gustaría conocerlos. Me enseñó tantas cosas en tan pocos días, que parecía que quería abrirse a mi como nunca antes lo había hecho y eso a mi, me encantaba. 

No voy a contaros hoy toda la historia pero sí quiero que conozcáis parte de ella, al menos de momento el principio, ese que sin saberlo iba a cambiarnos a ambos, y seguimos hablando durante horas, durante noches y nos reíamos a carcajadas sabiendo que hacía años que lo necesitábamos y que por una cosa u otra no lo habíamos tenido. No éramos conscientes de ello pero empezábamos a necesitarlo sin saberlo y eso no podía ser muy bueno cuando ni siquiera sabíamos el apellido del otro, pero lo hacíamos sin importar lo que la gente podía decir porque sentíamos que no había nada más bonito que llegar a casa, coger el móvil, abrirle conversación y escribirle "¿como te ha ido el día?" y así empezaba todo porque yo podía tirarme hasta las tantas escuchándole como me decía lo que había hecho en ese día, podía contarme la teoría de no se qué científico que de sus labios me hubiese parecido la cosa más interesante que nunca me habían contado. Y así eran nuestros días en los que empezamos a hablar sin saber que de un día para otro nos empezaríamos a amar.


-Ann.

Nos teníamos sin tenernos.


Escribir a mi me sirve para deshacerme de todo aquello que a la larga ha acabado haciéndome daño y por eso estoy aquí, necesito deshacerme de ti y por eso te he vuelto a escribir. Quiero dejar aquí nuestra historia; desde el principio hasta el fin, por que sí, porque siento que ésta es la única forma de que la gente entienda lo que siento justo aquí dentro, en la parte izquierda del pecho; quiero que la gente vea que incluso el dolor y las historias que no acaban del todo bien, pueden ser bonitas. Tan bonitas como lo que tú lograste hacerme sentir a mi. Sé que ni siquiera te he preguntado si puedo escribir sobre nosotros pero no te preocupes; nadie sabrá que eres tú el que tanto me ha dolido a pesar de lo mucho que nos hemos querido, nadie sabrá que eres tú por el que a día de hoy todavía suspiro, nadie sabrá ni siquiera que en estos momentos el dueño de mis pensamientos- tú- está leyendo esto porque sí, porque lo sé, porque él mismo me lo dice. Y sé que voy a seguir escribiéndole durante años porque él va a estar ahí leyéndome y una parte de mi espera que eso haga mella en él y vuelva, vuelva como cuando entró en mi vida para ponerla de nuevo patas arriba. Nunca se sabe quién puede cambiarte la vida, hasta que te la cambia. Y él lo hizo.

Quiero que sepáis que ésta no es la típica historia de amor, no, a mi eso no me va.. deberíais saberlo. No es una historia normal en el que chico conoce a chica y se enamoran; así de fácil, no. Lo nuestro era diferente y por eso estoy aquí, para escribir sobre mi historia de amor, contigo. Sobre nosotros, sobre todo lo bonito que llegamos a darnos y el dolor que al final nos dimos. No puedo decir si acabó o no bien, porque aquí seguimos y no sé si por suerte o por desgracia seguimos queriéndonos y no podemos dejar de hacerlo. Deberíais vernos, buscándonos cada día sabiendo que no podemos tenernos, es un constante contigo pero sin ti. Y duele, duele el no saber qué será de nosotros aún sabiendo muy en el fondo que todo esto ya ha terminado. Quizás te duela ver que estoy escribiendo sobre nosotros, quizás te duela leer todo lo que he llegado a sentir y siento pero en estos momentos lo necesito y sólo quiero que veas todo lo bonito que llegaste a dejar en mi. Necesito darle a conocer al mundo esta historia que no sé si el final será feliz pero a día de hoy aún te tengo, no de la forma que quiero pero al menos, aquí sigues.

¿Habéis querido a alguien que al final nunca lo habéis tenido? Quizás muchos de vosotros no me entendéis pero en unos segundos lo haréis; os hablo de esa relación con una persona que ni siquiera has llegado a ver, no porque no quieras sino porque el mundo ha decidido ponerlo lo más lejos de ti, por hijo de puta, el mundo digo. Pero esos km que os separan te importan una mierda y no te impiden quererle, así que lo haces... te arriesgas a hacerlo sin saber si vas a llevarte la hostia de tu vida pero aún así lo haces. Y no tengo ni pajolera idea de cómo os voy a contar nuestra historia sin ni siquiera saber yo misma como es, sin saber ni recordar cómo empezó todo pero sí recordando que todo esto fue lo más real que he llegado a tener en toda mi vida. No tengo ni la más mínima idea de nada, solo tengo una cosa clara, ¿y sabes qué es? Lo único que tengo claro es que no cambiaría ni el más mínimo segundo que nos hemos llegado a tener sin tenernos, que volvería a vivir una y otra vez todos y cada uno de esos momentos que me has dado, incluso los malos; aquellos que a día de hoy me han hecho más fuerte y sobre todo me han hecho quererte.

Aquí empieza todo, empieza la historia de amor más bonita que nunca he llegado a vivir no por miedo, sino por la distancia pero incluso ésta no me ha impedido querer ni tampoco sentir, y por eso estoy escribiendo esto porque quiero que sepáis que dentro de todo lo malo también hay algo bueno. Dentro de esa distancia que nos hemos encontrado, estabas tú. Tú. Lo único bueno que he llegado a tener últimamente en mi vida y necesito que la gente sepa que aún acabando como acabamos fuimos más felices que cualquier otras personas que han llegado a besarse, a quererse como nosotros deseamos querernos y no pudimos. Sólo te pido que si lees esto, no tengas miedo; cuando llegue al último capítulo no voy a dejar ésta historia de amor atrás como he hecho con muchas otras, cuando escriba el último punto del último capítulo le añadiré dos más para crear esos puntos suspensivos que dejarán nuestra historia inacabada sabiendo que cualquier día, en cualquier parte del mundo podemos cruzarnos y querernos como un día hicimos. Y quiero que sepas que cuando llegues a ese último capítulo y veas esos puntos pienses en las muchas veces que te he dicho que los odiaba y quiero que en ese momento recuerdes lo que un día me dijiste; "quiero que sepas que cada punto suspensivo que te pongo es un beso que quiero darte" y en ese entonces quiero que te des cuenta que ese capítulo termina con ese beso que muchas veces deseamos darnos y no tuvimos, que esos puntos fueron, son y serán nuestro primer verso en un beso.


-Ann.