domingo, 2 de noviembre de 2014

Me gustaría que te quisieras con la misma intensidad con la que te odias.


II


Yo nunca había sido esa clase de chica que destacaba por ser como era, siempre he pasado desapercibida ante los ojos de la gente; solo soy una persona más con la que te puedes cruzar por la misma acera y ni siquiera la miras porque ni te llama la atención y nunca lo hará. Siempre me han dicho que soy esa clase de persona por la que no te giras si pasa por tu lado pero que una vez que la conoces te arrepientes de no haberlo hecho. ¿Sabéis la típica chica guapa bien vestida que os podéis encontrar en un autobús mirando el móvil? ¿os lo podéis imaginar? ¿Si? Bueno pues yo siempre he sido la que está sentada a su lado con los pies subidos en la butaca del bus mientras entre manos tiene un buen libro y escucha su canción favorita por uno de sus auriculares mientras que por la otra oreja escucha cada mínimo detalle del mundo. Esa clase de chica que puede quedarse mirando cada escaparate cuando va caminando por la calle no porque le guste la ropa que hay en él sino para ver su reflejo y entender por qué se odia cada día un poco más. Siempre he sido esa clase de chica que no puede mirarte a los ojos cuando le hablas; no porque te falte el respeto sino porque se siente vulnerable al hacerlo, pequeñita. Siempre he sido de las que se muerden el labio o las uñas, de las que apartan la mirada cuando se habla de sentimientos, la que juega con sus manos nerviosa y de las que se tapan las muñecas con la sudadera tres tallas más grandes para esconder aquello que tanto odia. Esa chica que nunca se recoge el pelo poniendo la excusa de que le queda mal sabiendo que no lo hace porque con el pelo suelto se le ve menos la cara, y así mejor. Menos que ver. Siempre he sido de las que prefiere quedarse en casa escuchando música que salir de fiesta y emborracharse para el día siguiente no acordarse de nada. Esa que escribe en una libreta sabiendo que no hay mejor confidente que uno mismo, esa que siempre piensa lo peor de sí misma y lo mejor de todos. Esa que se decepciona constantemente y finge que los demás no la decepcionan para no perder a aquella gente que cree importante aún sabiendo que no lo es. Ese tipo de chica que te contesta siempre borde cuando está mal para protegerse y no romperse un poco más, la que no quiere conocer a más gente que sabe que acabará perdiendo, esa chica fría que empezó a serlo cuando otros la rompieron porque no supieron valorar lo que en ocasiones otros, como él, si saben. Y aquí, justo aquí, llega él. Podías hablar de cualquier estupidez con él que si en un segundo te notaba rara y te preguntaba; podías decirle con total sinceridad lo que pensabas. Creo que he perdido la cuenta de las veces que he llegado a decirle 'no sabes lo mucho que llego a odiarme' y él siempre se enfadaba y me decía 'me gustaría que te quisieras con la misma intensidad con la que te odias'. Recuerdo que hubo una vez en la que le dije 'estoy cabreada conmigo misma porque sé que nunca voy a ser suficiente para ti' y se enfadó, me dijo 'como vuelvas a decir algo así el que va a enfadarse voy a ser yo, porque no hay personas como tú en este mundo' y joder, me decía estas cosas y yo no podía no creerle, pasaba el tiempo e inevitablemente empecé a quererme, por él, porque pensaba que si él lo hacía significaba que había algo bueno en mi. Quise creerlo de verdad; pero volviendo al tema, no quiero adelantar acontecimientos pero esa frase que me dijo hizo mella en mi y sé que nunca voy a olvidarla. Recuerdo que os conté que empezamos a hablar, empezamos siendo un par de desconocidos con dolores en común, ambos habíamos sufrido sin quererlo y encontramos consuelo en cada una de las palabras que nos decíamos, en cada risa. Ésta vez tampoco recuerdo que día era en el que pasó lo que os voy a contar, solo sé que era de noche y que tenía que irme pero antes de ello estuvimos hablando de estupideces, como siempre. Y no sé cómo ni porqué me dijo 'me siento atraído por ti, eres una persona muy interesante; me gustas' y en ese momento me di cuenta de muchas cosas, me di cuenta que dejaba el móvil en sonido queriendo para que cada mañana cuando él me daba los buenos días, despertarme aún odiando madrugar, entendí que cada vez que sonaba el móvil y lo cogía deseaba que fuese él quien me hablase, me admití a mi misma el hecho de que le pensaba más de lo que debería y en ese momento no pude evitar decirle 'tú también me gustas' y creo que en parte ahí empezó todo. En ese instante noté como el corazón se me hinchaba de alegría, noté como sonreía por dentro sintiéndome feliz sabiendo que alguien que ni siquiera me había visto se había fijado en mi. Creo que en ese momento ninguno de los dos quería creerlo, ¿cómo hacerlo? ¿cómo iban a creerse dos personas que han tenido tanta mala suerte en el amor la posibilidad de gustarle a alguien? Joder si nos gustábamos, nos buscábamos, nos pensábamos y no encontrábamos fin a nuestras conversaciones, podíamos pasarnos horas hablando del tiempo o de la mayor estupidez que os pueda pasar por la cabeza, hablábamos de mi, de él, de las cosas que yo quería ser de mayor- a parte de ser feliz con él- de los planes que él tenía y sin quererlo empezábamos- inconscientemente- a hacer planes juntos. Recuerdo que ahí empecé a escribir por él, queriendo plasmar en hojas cada uno de los planes que queríamos vivir, él siempre me decía que no había nada más bonito que escribirnos y que la gente no se diese cuenta de lo mucho que nos pensábamos. 
Recuerdo que después de esa conversación en la que admitimos que había algo, nos unimos más que nunca aún estando lejos. En ese entonces él era la única persona que con un solo icono de whatsapp podía hacerme reír hasta llorar, la única persona que se daba cuenta de si las cosas iban bien, si hoy era uno de esos días en los que estaba abajo él era el único capaz de hacerme estar arriba. Había días en los que ambos notábamos mucho más esa ausencia, el no tenernos y a veces me sonaba el móvil lo cogía y leía:

'hoy me apetecería estar en el sofá y acurrucarme ahí mientras te abrazo porque no sabes lo mucho que te necesito'

Lo que él no sabe es que después de sonreír y morderme el labio y contestarle, cerraba la conversación, dejaba el móvil encima de la mesita de noche, me tumbaba y después de pasarme unos segundos mirando fijamente el techo sin pestañear, notaba la primera lágrima deslizarse por mi mejilla sintiendo ese dolor en el pecho que al principio no sabía lo que era y acabé descubriendo que era por él, por la ausencia que había dejado en mi vida sin ni siquiera haber estado en ella. Y eso me dolía y me duele aún a día de hoy. Es duro recibir ese mensaje cuando tú eres la primera persona que le necesitas cerca pero que aún queriendo, no puedes tenerle. Mucha gente se queja de que llora por algo que ni siquiera han tenido pero creo que es más duro llorar por algo que sí has tenido pero no como te hubiese gustado tener, ahí, entre tus brazos por ejemplo.

Quizás os preguntaréis el por qué empiezo este capítulo así, diciendo como soy y lo poco que me quiero pero es que él ha tenido ese poder en mi, vino sin saber que iba a cambiar mi vida y ahora que se ha ido ha vuelto a hacerlo y cuando apareció no podía creerlo, no podía simplemente creer que alguien que había aparecido de la nada pudiese significarlo todo. No podía creer como alguien como él se había fijado en alguien tan insignificante como yo, una chica normal y corriente pero que ante los ojos de él era la persona más bonita que había encontrado sobre la faz de la tierra. Recuerdo que, en una de esas despedidas que nos dimos cuando creíamos que todo había acabado, me dijo: 

'ha sido un placer cruzarse con un Ángel en la tierra'

Lo que él no sabe y si lee esto lo sabrá, que el ángel era él, porque consiguió en meses lo que yo no he conseguido en años; ¿el qué? os preguntaréis. Quererme, eso consiguió. Y a día de hoy eso lo consiguen pocos, ni yo soy capaz de hacerlo. Y duele que la única persona que sabe hacerlo me esté dando la espalda porque parece que se va, se va para no volver y yo ya no sé si me voy a querer, así, como hacía él. 

-Ann.

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