III
Sólo éramos un par de rotos que acabamos como tal por querer de más, ¿lo recuerdas? Creo que he llegado a perder la cuenta de las veces que te dije que estaba cagada de miedo por quererte tanto, porque no era normal el necesitarte de la manera que lo hacía si hasta ahora había sido capaz de vivir sin ti y ahora se me estaba olvidando cómo hacerlo. Recuerdo las veces que me decías que no te creías la posibilidad de que alguien como yo- tan insignificante a mis ojos- podía querer a alguien como tú habiendo miles de mejor a mi lado pero ¿sabes qué? Podían haber miles de chicos a mi alrededor que al final del día siempre te elegiría a ti, al final del día me metía en la cama, me tapaba con la manta hasta el cuello y me escondía con el móvil entre las manos para pasar otra noche a tu lado. Recuerdo una de esas conversaciones que la hemos tenido miles de veces por el placer de sonreír al leernos, aquella conversación de cada noche:
"-¿Tú no deberías estar durmiendo?- te decía con media sonrisa. El corazón me iba a mil dentro del pecho deseando que te quedaras un poco más.
-Sí, debería pero me apetece más quedarme aquí contigo- y yo no podía evitar morderme el labio sabiendo que te tenía una noche más para mi.
-No hace falta que lo hagas- respondía siempre y tú como un cabezón no te quedabas atrás.
-Que me quedo por ti por que yo quiero, ¿vale?- y yo sonreía sabiendo que tú, en otra parte del mundo, también lo hacías."
Recuerdo las miles de veces que hablábamos y yo te respondía así:
-Okay.
Y cómo no, recibía el tuyo, y de nuevo el mío y así podíamos tirarnos minutos diciendo lo mismo hasta que a mi se me escapaba algún 'idiota' sabiendo que eso era sinónimo de 'no sabes cuánto te quiero'.
Creo que también he perdido la cuenta de las veces que, por tu culpa, he sonreído al maldito teléfono deseando que llegase el día en el que pudiese sonreír a dos centímetros de tu cuello. Deseando abrazarte sabiendo que la fuerza de ese abrazo no equivale ni siquiera a la mitad de lo que yo puedo llegar a quererte. Creo que de eso también he perdido la cuenta, ¿de qué? Te preguntarás..de imaginarnos juntos, de imaginar todo aquello que queremos vivir y no podemos. Nunca algo ha sido tan duro como eso, el no saber cuando pasaría aquello que ambos ansiábamos; ese primer beso que queríamos darnos y del que tanto habíamos hablado sabiendo que tú no tendrías lo que hay que tener para acercarte a mi, sabiendo que tendría que ser yo la que se acercara a besarte pero que luego serías tú el que no tendría la fuerza suficiente para separarte de mis labios. Ese abrazo en el que nos sentiríamos como en casa, esa unión de nuestras manos notando como esas piezas del puzzle que hace años no encajaban en ninguna parte, encajan. Esas sonrisas cómplices sabiendo que la una provoca la otra y por eso ninguno de los dos estaría dispuesta a perder la suya porque luego se perdería la otra. Esas miradas que queríamos dedicarnos para comprobar si de verdad nos queremos tanto como creemos. Y no, todo eso no hemos a llegado a tenerlo.
Recuerdo que él una vez, así, a lo loco me dijo:
"Me están entrando unas ganas tremendas de cometer la mayor locura de mi vida; coger el primer autobús que me lleve a ti y besarte, y me da igual lo que me diga la gente ni que ésta se pregunte donde me meto porque yo mientras estaré contigo. Nos besaremos como locos, pasaremos el mejor día de nuestra vida y luego ambos seguiremos con nuestras vidas, juntos pero separados."
Y por éstas cosas él era mi loco favorito, el saber que él necesitaba eso tanto o más que yo, me daba la vida. El saber que me necesitaba entre sus brazos para saber que todo iba a estar bien era la cosa más increíble que he podido vivir en lo que llevo de vida.
Hubo un día, uno de esos otros tantos en los que no dejábamos de hablar me dijo:
"-No me canso.
-¿De qué?- le pregunté y creo que la respuesta que me dio fue la más bonita que nunca podrían haberme dado.
-De quererte."
Sonaba tan bien de sus labios la palabra te quiero sabiendo que luego, día a día, me la demostraba como mejor sabía. Me enamoré de su voz en la primera llamada, me enamoré más de él si eso era posible.. Recuerdo que la primera vez que hablamos por teléfono me explicó cómo le había ido un examen de recuperación y creo que si hubiese estado dos horas hablándome de ello yo hubiese estado incluso tres escuchándole. Recuerdo que se metía conmigo y yo reía, a pleno pulmón, como hacía mucho que no hacía. Hablábamos de todo y nada a la vez aún sabiendo que yo odiaba hablar por teléfono pero por él lo hacía, me tiraría horas, días e incluso meses pegada al teléfono si esa es la única forma de tenerle cerca. Adoraba escucharle respirar por la línea, escuchar como suspiraba sabiendo que segundos después sonreía mordiéndose el labio por mi culpa, por mis estupideces de niña pequeña y a la vez mis teorías de chica madura. Muchas veces me preguntaba a mi misma qué coño había hecho yo para tener esta suerte de encontrar a alguien como él y a día de hoy lo pienso y no entiendo el por qué. No soy nadie, no soy nada. Pero irremediablemente él se metió debajo de mi piel hasta el punto de saber si las cosas van o no bien. Con tan solo una puta palabra sabe lo que necesito, sabe que me enamoro de los besos en la frente, los abrazos inesperados, sin venir a cuento ni teniendo un por qué, sabe que necesito que me miren a los ojos para confiar un poco más en mi, sabe que si me susurran palabras sinceras van derechas a mi corazón, que si me das cualquier canción bonita te escribo lo más bonito que nunca leerás, sabe que todo el mundo es capaz de verme por fuera pero que solo él es capaz de llegarme tan dentro con tan solo susurrarme un te quiero. Y eso, eso sí que es bonito.
¿Pero sabéis lo que también es bonito? En nuestra primera llamada de la nada él dijo mi nombre y yo solo supe responder con un 'qué' y se hizo el silencio, un silencio que acabó siendo bonito y también nuestro por lo que vino después:
"-¿Qué?
-Te quiero."
Y sabías que lo hacía, que le salía de dentro porque le oías nervioso al otro lado del móvil y escuchabas esa risa que delataba su nerviosismo sin saber cuál sería la respuesta pero no podía ser otra que la que le dí, ese:
"-Yo también te quiero y no voy a dejar de hacerlo."
Y ambos colgábamos el teléfono aún sin quererlo, ese 'cuelga ya' que nos dijimos tantas veces y que tanto nos costaba hacer, porque escucharnos reír nos daba la fuerza suficiente para seguir. Recuerdo que siempre que colgábamos me encontraba un mensaje suyo que a día de hoy ya echo de menos. Cogía el teléfono, veía su nombre y ya sonreía sin ni siquiera leerlo pero al hacerlo parecía que las piezas rotas que otros rompieron en mi, empezaban a encajar.
"No sabes lo que necesitaba sonreír y que tú fueses el motivo"- leía.
Y yo sonreía sabiendo que a kilómetros de mi, eso a él le daba la vida.
-Ann.
Increíble la entrada, la forma en la que te expresas, increible la historia. Sin palabras. Espero que no dejes de escribir. Un beso(:
ResponderEliminaraayy, que ilusión que me comenten. Muchas gracias por dedicar tu tiempo a leerme de verdad. Me gusta que te haya gustado, espero que te gusten los próximos. Un beso muy fuerte :)
EliminarAnn, eres genial. Nunca dejes de escribir, a quién sea, te lo ruego. Gracias por darnos este trocito de ti, tan bonito como tú.
ResponderEliminarMe ha encantado volver a leer algo tuyo. Muchas gracias por compartir lo que escribes ^^
ResponderEliminarI N C R E I B L E .
ResponderEliminarMe ha encantado, sabes hacer sentir a una identificada de verdad nunca pares de escribir asi, me encaantas!!
ResponderEliminar